Dora Maar: Artista a pesar de Picasso

“Tenía una inclinación instintiva hacia lo misterioso, lo mágico y lo sobrenatural” 

Ella dijo, después de Picasso solo Dios. La hermosa mujer, rica y comunista, devota católica y libertina, oscura y creadora brillante, era artista por derecho propio. Fue una insigne fotógrafa que exploró el surrealismo en blanco y negro con sugestivas imágenes. Y no solo haciendo fotografías artísticas: trabajó con fotografía publicitaria e hizo fantásticas fotos para las revistas de moda.

Al conocerla Picasso se prendó de esta mujer que vestía extravagantemente, con prendas caras, y elaborados sombreros. Ella jugaba extendiendo en la mesa su mano y pasando un cuchillo rápidamente entre sus dedos; se iba cortando los dedos y ensangrentaba su guante negro transparente. Picasso se acercó a ella y le pidó el guante, el cual conservó toda su vida en una vitrina. Iniciaron una relación y rápidamente Picasso se dio cuenta de que estaba ante una mujer explosiva y tan buena artista como él. Ella, comunista militante, politizó a Pablo, quien antes de conocerla no tenía gran interés en la política. Cuando tuvo que hacer un mural de encargo, al principio no sabía bien qué hacer. En eso estalla la guerra civil española; el general Franco se alía con los nazis alemanes y estos bombardean  la ciudad vasca de Guernica justo el día de mercado, asesinando a 200 personas. Esta acción indigna a Dora y a Picasso, y él decide hacer el mural en honor a la ciudad destruida. Dora estuvo en su taller, pendiente con su cámara Rolleiflex, y fotografió todo el proceso, desde el boceto al carboncillo, hasta el resultado final.

Picasso la retrató decenas de veces. Era su modelo y su musa. El la respetaba intelectualmete, podían conversar en español, pues Dora vivió ne Argentina siendo niña y adolescente. Se dice que esa compenetración de sexo explosivo, pasión, e igualdad como artistas y sus intelectos, ya no se volvió a dar con las siguientes mujeres que tuvo el pintor. Hasta que, en 1943, el mundo maravilloso según lo conocía Dora Maar acabó. Él la sustituyó por Françoise Gilot mientras que Dora inició un descenso a los infiernos en una dolorosa caída durante la que recaló en hospitales psiquiátricos, con aplicación de electroschocks incluida, hasta terminar refugiada en la religión en su apartamento parisino, alejada y apartada de un mundo en el que durante unos años había sido una de sus reinas imprescindibles. Murió en 1997 completamente sola, a los 89 años.

Después de Picasso solo Dios.

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