El portón rojo de Teodorico Quirós

Es entrar al museo de arte costarricense en la Sabana para ir a visitar el portón rojo, una obra emblemática de uno de nuestros grandes pintores paisajistas, Teodorico Quirós (1897 – 1977), quien ya no miró hacia Europa ni hacia USA, sino hacia nosotros mismos.

La Costa Rica agraria iba retrocediendo hacia la industrialización y el comercio internacional, aunque el cambio no fue radical; aún ahora, las desaparecidas casas de adobe –ahora parqueos, agencias de bancos y centros comerciales–  siguen siendo la imagen de una CR que ya no existe más pero que en los años 30s y 40s del siglo pasado aún eran nuestro pasado reciente. La casa de adobe y teja, las carretas multicolores, los muros encalados, las cercas vivas, los extensos paisajes de cultivos de caña y café, o papa y frijolares, aún rodeadas de grandes extensiones de profundos bosques…

El color desenfadado de los expresionistas alemanes, el modo de ver el paisaje más como el encuadre de una fotografía que con las reglas inamovibles de la pintura del siglo XIX, cayeron para dar paso al novedoso cambio en la pintura costarricense.  Teodorico había asimilado las nuevas tendencias artísticas en sus viajes de estudio y ocio, y nos daba una visión más cercana a la nuestra:  nos dio un espejo en el cual mirarnos.

En el cuadro del portón rojo, las sombras caen a plomo sobre el blanco puro de la cal; el color rojo del portón protege a la finca, el ocre del suelo da a pensar en el verano costarricense que es la estación seca, junto a unos matorrales tostados por el sol, y a la lejanía se ven unas copas de árboles. Si uno se acerca, ve que hay arrepentimientos: pasa y repasa la brocha para dar aún más los efectos que desea con un óleo pastoso y mínimo. El portón rojo es nuestro cuadro emblemático, la puerta hacia la modernidad en la pintura costarricense. Como dijo alguien por ahí: es nuestra Gioconda. ¡Salud!

 

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