¿Es real una ola?

Según Wikipedia, se conoce como ola a la onda que se crea sobre la superficie acuática, generalmente en el océano, la cual es producida a consecuencia del viento y de las corrientes.

Expertos en etimología sostienen que procede del francés, de la palabra “houle”, que significa “ondulaciones de mar”, algunos consideran que proviene de la palabra griega “holoos”, que es sinónimo de “desastroso”, o del árabe “haul”, que puede traducirse como “agitación del mar”.

¿Es real para el surfista?

Esa masa de agua gigante que se forma desde lo profundo del océano atrapa al surfista en su fascinación,   le provoca la inmensa emoción de sentirse a la vez perseguidor y perseguido, le genera adrenalina a borbotones para recorrerla, para  adivinarla y por fin conquistarla hasta llegar de pie a la orilla.

¿Es surreal la ola?

Preguntémosle a Gustave Doré,   ilustrador, pintor y grabador nacido en Francia en 1836, quien realizó la obra “La destrucción del Leviatán”. ¿En qué estaba pensando este gran artista romántico al representar ese enorme y temeroso monstruo marino de varias cabezas y miles de picos en medio de un mar agitado, realizado a plumilla en blanco y negro con todos los claroscuros posibles?  ¿Estaría imaginando a Dios definiendo qué hacer con Satanás en medio del caos primigenio de la creación?  ¿Enfrentarlo en medio de la separación de las aguas, el cielo y la tierra, atacarlo y convertirlo en serpiente del Paraíso?

 O tal vez,  conservarlo como un mito recurrente en la mitología de todas las religiones, donde el hombre debe enfrentarse por siempre a sus monstruos internos, los más temidos?

 

¿Es emocional la ola?

Indaguemos a Wolfgang Tillman, ese genial artista conceptual, fotógrafo alemán nacido en 1968,  quien reivindica lo directo y lo auténtico a través de lo cotidiano.  Tillman es capaz de captar con su cámara una superficie de mar, eterna y monótona en sus ondulaciones oscuras y heladas de un mar al norte del planeta, y hacernos sentir una profunda fragilidad ante nosotros mismos, una inmensa tristeza ante un hecho real como lo es una masa de agua contínua, que nos recuerda a la vez la eternidad y el vacío, una luz sutil que enfoca levemente los picos ondulantes de un mar que es como es, y que nos conmueve en lo profundo de nuestra alma.

¿Es sensual la ola?

Aquí apelo a la pintora Giorgia O Keefe, estadounidense de principios del S XX. Ella no pintó las olas del mar, pero nos llevó a sentir la fuerza de las ondulaciones en las espirales y los túneles de sus flores voluptuosas.  Cuando estudio sus pinturas, asocio de inmediato el tema de las olas, la formación “in crecendo” de ese gran útero que recoge  la energía de la naturaleza, todo el deseo humano, toda nuestra sexualidad,  para formar una espiral, un túnel creador de vida, y una cresta que revienta con fuerza orgásmica y nos lleva a la calma, a la sonrisa y a la sensación, aunque pasajera, de paz.

Las olas son reales, surreales, simbólicas, eternas, fuertes, calmas. Van y vienen como la marea.  Fluimos con ellas o nos revuelcan con su poder, pero cada una de ellas es única, es personal y a la vez universal, y cada vez que nos lleva a una orilla, ya no somos los mismos.  Las olas nos recuerdan nuestro permanente cambio.  Son sabias.

Giorgia O Keefe

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