Los exvotos: agradecer a la deidad

 

 

Los exvotos son las piezas que, como señal de agradecimiento, ofrecían las personas que en un momento de peligro se encomendaban a un patrón o patrona.

Los que hemos ido a la Basílica de la Virgen de los Ángeles en Cartago, Costa Rica,  e ingresado a uno de sus pabellones, nos damos de lleno con miles de figuritas guardadas en paneles protegidos por vidrio. Son imágenes de piernas, pies, manos, cabezas, hígados, corazones, intestinos, y cada uno guarda una historia, un milagro, un eterno agradecimiento. Son hechas de bronce o latón, pero no solo son las medallitas; pueden haber muletas, sillas de ruedas, diferentes aparatos ortopédicos, o bien alguien ofrenda una barquita pesquera de un agradecido marinero rescatado de una tormenta, o fotografías de antes y después, constancias médicas, casitas que la Virgen le deparó a una familia, carros, matrimonios e hijos. La gente hace los casi 100 metros desde la entrada hasta el altar de rodillas (yo lo hice y duele, no es cualquier cosa), se le pide y luego -si todo sale bien- se le agradece con su exvoto.

 

Desde la antigua Mesopotamia ya era costumbre llevar pequeños ídolos hechos en marfil, oro o maderas preciosas, provenientes de los agradecidos de mucho dinero; para la gente pobre existían los de barro o piedra. Pareciera que los ruegos a los terribles dioses sumerios eran los mismos que nosotros hacemos ahora, para aliviar dolencias variadísimas, fecundar vientres, dar casa y prosperidad.

 

 

 

Los griegos y los romanos también  usaron abundantemente esta forma de agradecimiento al dios o diosa que les hubiese hecho un favor o milagro. Los arqueólogos usualmente encuentran en las excavaciones millares de figuras de todo tipo alrededor de las ruinas de los templos y santuarios.

 

De aquí llegamos a mis exvotos favoritos del mundo mundial: los mexicanos, dedicados principalmente a la Virgen de Guadalupe. Estos son casi siempre pintados en latón, en forma ingenua, picaresca, y sin embargo mostrando el enorme respeto y devoción que tienen los mexicanos por la virgen negra guadalupana. Se cuenta que hasta el mismo Hernán Cortés mandó a hacer uno (hoy desaparecido) agradeciendo por no morir por la picadura de un alacrán negro. Algunos exvotos relatan las terribles tragedias a las que se ha sobrevivido, como el accidente de Frida Kalho en un tranvía, o la milagrosa recuperación de una grave enfermedad de niños, y de ahí hasta las más contemporáneas como la de estos dos luchadores que se enamoraron y agradecen a la virgencita que su amor esté intacto a pesar de todos los obstáculos vividos. ¡Salud!

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario