Los gatos y los antiguos egipcios

Los antiguos egipcios dependían cada año de las crecidas del río Nilo que inundaban los campos extensamente y al volver a su cauce dejaban rico limo y abono en sus tierras; ese era el tiempo de sembrar sus cereales, cosechar y guardarlos en los enormes silos que manejaban exclusivamente los sacerdotes. Pero si se desataba una super población de ratones, podían ser millones e invadirían los silos y se comerían todas las reserva de los granos, lo cual significaría hambre, muerte y hasta posiblemente el fin del imperio… Pero estaban los gatos, los pequeños felinos que a garra y colmillo mantenían a raya a los roedores; los egipcios jamás olvidaron el gran favor que les hacían, y elevaron a categoría de diosa a la gata Bastet. Esta diosa era protectora y benevolente;  cuidaba de las mujeres embarazadas y repelía los conjuros malignos contra ellas. Si enfurecía, se convertía en leona, pero su deber era estar en las entradas de los templos cuidando siempre las casas y cultivos. Le gustaba que le cantaran y bailaran en su honor.

 

Los gatos eran pues adorados y mimados como dioses por todos los egipcios; matar a un gato aun fuera por accidente, significaba la muerte segura. Vagaban libremente en la calle y templos a su antojo sin ser molestados y cuando morían, sus propietarios se rasuraban las cejas en duelo y lo lloraban abundantemente. ¡Eran momificados y depositados en criptas especiales que llegaron a tener hasta 300 mil momias gatunas!

 

 

Heródoto explica anécdotas en caso de incendio, y las leyes aplicadas a los gatos:

«Cuando se declara un incendio, es sorprendente lo que sucede con los gatos. La gente se mantiene a cierta distancia cuidando a los gatos y sin preocuparse lo más mínimo de apagar el fuego. Pero los gatos se escurren por entre la gente o saltan sobre sus cabezas y se precipitan en el fuego. Y cuando esto sucede, los egipcios se quedan muy apenados»

«Si alguien mata voluntariamente a uno de estos animales es condenado a muerte, y si lo hace involuntariamente, paga una multa que fijan en cada caso los sacerdotes…»

Ctesias habla de la batalla de Pelusium (525 a.C.), en la que se enfrentaron el rey persa Cambises II y el faraón de Egipto, Psamético III. Se cuenta que los persas idearon una estratagema para vencer utilizando en sus escudos representaciones de la diosa Bastet y capturando gatos para soltarlos durante la batalla y hacer que los egipcios pelearan con cuidado para no dañar a los gatos. Tras la batalla, los egipcios se refugiaron en Pelusio. Cuando los persas asediaron la ciudad, Cambises II siguió utilizando a los felinos a su favor. Los soldados arrojaban a los gatos hacia la fortaleza y obligaban a los arqueros egipcios a disparar con precaución.

El culto a Bastet empezó a decaer a partir del 350 a. C. y desapareció totalmente en el 390 d.C. bajo orden de un decreto imperial. Subsisten, sin embargo, muchas pinturas murales que relatan las diferentes etapas de la vida del gato en la sociedad egipcia.

Ahora todos los que tenemos gatos en nuestras vidas entenderemos muy bien por qué ellos se comportan como dioses y nosotros como sus esclavos.

 

 

 

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