Quiero mis 15 minutos de fama, Mr. Warhol

 

A mediados de los años 40 del siglo XX, París dejó de ser el centro del mundo del arte y Nueva York tomó entonces al vuelo el cetro y la corona; fue y es, indiscutiblemente, el centro del arte mundial hasta nuestros días.

Andy Warhol es un artista pop. En esta tendencia artística, tomaban la publicidad -la cual es parte primordial de la cultura estadoudinense- la magnificaban, y decían: esto es arte. Y una imagen que se veía todos los días en la estación del metro, o en las vallas de las calles, tomaba así otro sentido y estaría ahora en el salón de una magnífica mansión de las afueras.

¿Cómo es que un objeto cotidiano que está en los supermercados, se convierte en arte? Ya se veía desde Marcel Duchamp, quien decidió que un orinal de hombres era una fuente tan solo cambiándolo de posición. Así, mientras nosotros seguimos viendo la pieza cerámica que alivia a los caballeros, el artista dice: yo digo que esto es arte y sanseacabó. ¿Y cuándo sucedía esto? ¡En 1917! El Teatro Nacional tenía apenas  20 años de inaugurado, el mundo venía saliendo de la I Guerra Mundial, en la que murieron millones de personas entre soldados y civiles; el absurdo de la guerra de esa primera guerra moderna, el horror de las trincheras, y la pérdida de los valores de la vida a como se veían antes, habían dado una vuelta justo como ese orinal: el arte es un reflejo fiel o distorsionado de la vida.

 

 

El más vistoso de estos artistas pop fue Andy Warhol;  supo llenar sus carencias artísticas con la maravilla de la mercadotecnia, el cine, la TV, el kitsch, los cómics, la moda… todo iba a dar a su colador y de ahí sacaba lo que más le convenía. De la sociedad de USA tan profundamente hedonista, hizo retratos de famosos en serigrafía, basado en la foto que más les gustara a ellos, y les agregaba sombras verdes o azules a los párpados, violetas a las mejillas, rojos furibundos a los labios; todos querían un retrato suyo.

 

Llegó a tener muchísimos pedidos de coleccionistas, galerías y museos de alrededor del mundo; era su momento y tenía que aprovecharlo al máximo puesto que en el cambiante mundo del arte, se es un día, y al siguiente te olvidan. Buscó en los barrios cercanos a los muelles lugares que no estuvieran de moda y encontró un enorme almacén portuario que antes había sido una fábrica, de grandes ventanales y grandísimos espacios sin paredes, y ahí decidió montar su estudio. Asistentes no le harían falta, tod@s l@s chic@s de la época querían estar cerca de Andy. Él era cool.

 

 

Pronto se convirtió en el lugar de encuentro en Nueva York, donde todo sucedía. Durante el día era de trabajo intenso, donde Warhol hacía serigrafías enormes de sus trabajos, o películas caseras que no tenían ningún fin comercial; por la noche, recibía a los cantantes de moda, los modistos, la nobleza europea, modelos de revistas, chulos, buscavidas, niñas-bien desorientadas, hijos de papi buscando un padre, y famosos como Dalí y Mae West que rogaban por un segundo aire entre esos jóvenes que eran la nueva realeza estadounidense. La música sicodélica y sus frenéticos bailes, las drogas alucinógenas, y las drogas duras como la heroína, hicieron de La Fábrica un antro de arte y perdición.

 

 

Warhol hizo una enorme fortuna, pero el reinado en La Fábrica fue de apenas 5 años; una feminista apasionada que fue parte de su séquito le disparó varios tiros al tórax. Andy salió con bien después de varias operaciones y su debido descanso, pero cerró La Fábrica y dejó esa vida tan expuesta de farándula, fiesta y revistas amarillas para llevar una existencia de bajo perfil. Ya nada sería igual hasta quizás la aparición de Studio 54 a mediados de los años 70, pero esa es otra historia.

 

 

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