Una cama es una cama es una cama

Un año des pués de la revolución rusa (1917), Kazimir Malevich pintó blanco sobre blanco, un cuadro que sería el epítome de la abstracción, de lo que se vale en el arte. Cualquiera puede decir: eso lo pinta mi hijo de dos años, pero Malevich fue el primero en hacerlo, y quien lo repita no recibirá aprobación ni dólares. Una vez basta.

 

Ahora bien, la artista inglesa Tracey Emin tuvo la ocurrencia de darle al mundo la cama donde ella yació una semana su depresión por una ruptura amorosa. Se supone que el escenario nos cuenta con detalles su calvario: blisters vacíos de ansiolíticos, manchas en las sábana de fluidos post coito, colillas de cigarrillos, calzones sucios, una almohada profusamente regada por sus lágrimas… y esta la hizo millonaria. Se subastó en la casa Christie’s de Londres por 2,5 millones de libras (3,2 millones de euros).

Nunca a nadie se le había ocurrido, en la vastísima historia del arte, vender su cama con todos sus despojos. ¡Bien por ella! Su ocurrencia batió records en el mundo del arte. Si yo fuera a Londres ahora mismo con mi cama a cuestas, haría que me revienten la puerta en la cara. En el arte una sola vez basta, porque

 

una cama es una cama es una cama.

Deja un comentario