Vivian Maier: anónima por decisión propia

Yo siempre había dicho que no existía el artista que dijera hacer las cosas para sí mismo, por satisfacción personal, y que guardara sus poemas o novelas, pinturas, cerámicas o lo que de arte hiciera, para no mostrarlo jamás a nadie. Qué sonrisa de ironía tendrían al oír eso quienes creía cuentos, pues la vida, eso que ahora estamos viviendo, te cierra la boca conforme la vas viviendo con más años…

 

Vivian Maier moría en el 2009 a los 83 años pobre y sola;  había sido niñera por 40 años en la ciudad de Nueva York. Sin embargo, en 2007, en una subasta de muebles viejos que no llegaban ni a antiguos, de cosas de desahucios y de desvanes de abuelitas, se habían encontrado una caja de cartón llena de carretes de fotografías sin revelar. El dueño del lugar le quiso sacar algo de plata a ese montón de basura, para él. Un muchacho que estaba interesado en la historia gráfica del lugar ofreció 300 dólares por la caja; le podía servir para la investigación que estaba haciendo. En su casa, con sorpresa, fue revelando esos negativos y supo que la persona que tomó esas fotografías era un magnífico fotógrafo: certero, directo, sensible ante el dolor, el placer, la vejez, los niños en sus juegos… era un recorrido de la Nueva York de la gente  de a pie de los años 50s y 6os. ¡Eran en total 100 mil negativos!

 

 

Vivian siempre vivió en las casa de los niños que cuidaba; era una mujer alta, de cara muy seria, y la mayoría de niños que cuidó, ahora de adultos, la recuerdan cariñosa pero a la vez firme cuando cometían una travesura o mentían. Ella nunca se casó y no tenía amigos; su único placer era salir en sus días libres a caminar la ciudad de Nueva York con su cámara Leika colgando de sus hombros, lista para captar algo que solo se daría en se momento:  una mirada furtiva, un pleito de novios, una anciana molesta y cansada, dos hombres borrachos riendo… Tomó miles de fotografías, pero nunca mandó a revelar los negativos, ni menos pasarlos al papel, pues estaba fuera de sus posibilidades. Así, su compulsión de tomar la vida como ella la veía, se fue en solo el momento antes de hacer clic en la cámara;  nunca supo el resultado final de la mayoría de sus fotos.

 

 

El muchacho que había comprado la caja contactó una galería y de inmediato se interesaron por el trabajo de esta mujer de la que nadie sabía nada. Cuando al final la identificaron y buscaron, se dieron cuenta de que ya había fallecido. Su herencia entonces para el mundo era el trabajo de una vida, que se hizo en silencio y con amoroso cuidado, Vivian Maier es de las grandes artistas contemporáneas: precursora y moderna, con gran sensibilidad y mano firme para no perder un instante de la vida efímera que pasó ante sus ojos.

 

Hay un excelente documental de la fotógrafa en este enlace que le invitamos a ver.

Deja un comentario